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Imagen virtual del Museo de Arte Moderno Forth Worth de Texas, obra de Tadao Ando
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Proyecto de ampliación del Rijksmuseum de Amsterdam, obra del equipo de arquitectos Cruz y Ortiz
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Imagen virtual del Centro de Arte Contemporáneo de Cincinnati, de la arquitecta Zaha Hadid
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Proyecto para el museo del Quai Branly en París, de Jean Nouvel
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Conceptos como la cultura del ocio (el tiempo libre) o turismo cultural (lo que antes era simplemente visitar una exposición o una iglesia) han arraigado entre los estamentos políticos y culturales y entre los agentes sociales dando lugar en los últimos tiempos a un nuevo fenómeno: los museos como catedrales del siglo XXI, nuevos espacios que suman a su función de contenedor otra muy diferente que es la de convertirse en referentes por sí mismos, por la calidad de su obra, por la originalidad del edificio o por los debates que genera. No es de extrañar que, por ejemplo, las expectativas de la nueva Tate Modern de Londres –uno de los proyectos estrella de los últimos tiempos que lleva la firma de los arquitectos Jacques Herzog y Pierre Demeuron– sea alcanzar los dos millones de visitantes anuales. Los museos son vistos así como motor de resurgires económicos o catalizadores de regeneraciones urbanas. O como contenedores vacíos a llenar temporalmente. Tal es el caso del magnífico Museo Bellevue en Washington, que no tiene una colección permanente, sino que colabora con distintas instituciones para confeccionar sus programas de arte y exposiciones temporales. La imagen de los museos está adquiriendo tal potencia que cuando el director de la Fundación Salomon Guggenheim, Thomas Krens, presentó la maqueta para la nueva sucursal de Nueva York a un posible mecenas, éste le dijo: No puedes hacer eso, cambiaría la postal típica de Manhattan. El edificio es la pieza más valiosa con que cuenta la institución museística a la que representa, más allá de lo que contenga y, como consecuencia, una nueva generación de museos aparece firmada por arquitectos de renombre. Estos cuatro nuevos museos resumen en sí mismos estas tendencias.
Tadao Ando en Texas
A punto para inaugurarse el próximo 14 de diciembre, Tadao Ando ha dado rienda suelta en el Museo de Arte Moderno Forth Worth de Texas a su concepción de la pared como fuerte poder simbólico y de comunicación profunda. Así, las excepcionales paredes de cemento del museo, con las caras desnudas y lisas que apelan a nuestra inspiración y funcionan como un espejo del alma reflejando el estado mental del que lo contempla. El vidrio transparente y la estructura de acero que las rodea configuran magníficas áreas de circulación desde las que se contempla el entorno natural exterior. Por la noche, esos muros de hormigón que son la estructura básica del edificio, y protegen la colección en el interior, quedan bañados por una brillante luz, y aparecen como linternas flotando, reflejadas en el estanque contiguo. Es como si el edificio hubiera sido instalado en el interior de una vitrina. La caja de vidrio y acero parece congelar no sólo el espacio, sino también el tiempo, estableciendo una analogía con las funciones mismas del museo.
Hadid en Cincinnati
Previsto para inaugurarse al completo el 31 de mayo de 2003, ya en el vestíbulo del Centro de Arte Contemporáneo Rosenthal de Cincinnati (Estados Unidos), dedicado a exposiciones temporales, la arquitecta Zaha Hadid apuesta por crear un espacio fluido. Situado al nivel de la calle, completamente acristalado y abierto al entorno, lo ha ideado como una plaza pública capaz de atraer el movimiento peatonal mediante una composición que es simultáneamente horizontal y vertical. Según la arquitecta iraquí afincada en Londres, es como si el plano de la ciudad se curvase hacia arriba generando una “alfombra urbana” que actúa como elemento mediador entre la ciudad, el vestíbulo y las galerías que flotan sobre éste. Los espacios de exposición varían en tamaño y geometría, procurando un efecto tridimensional de sólidos y vacíos que dan flexibilidad a la hora de alojar las manifestaciones más variadas de arte contemporáneo. Situado en el centro de la ciudad en una esquina, todo el proyecto hace referencia al contexto urbano dinámico y denso donde se encuentra. La fachada sur está formada por volúmenes de hormigón, vidrio y paneles metálicos, que reflejan la escala de la ciudad, y pese a su aspecto pesado parecen flotar desafiando la gravedad. Mientras que la fachada este ha sido ideada como un relieve escultórico, enmarcado por esa alfombra urbana, que desvela en el exterior un interior de galerías yuxtapuestas
Cruz y Ortiz en Amsterdam
Previsto para mediados del 2004, en el proyecto de ampliación del Rijksmuseum de Amsterdam, el equipo de arquitectos españoles Cruz y Ortiz ha tenido que vérselas con la historia urbanística de la zona donde se asienta este museo edificado a finales del siglo XIX. Su papel de entonces como elemento de conexión entre la ciudad existente y los nuevos barrios que surgían hacia el sur le ha influido hasta el punto que un pasaje (que es prácticamente una calle) atraviesa el museo de norte a sur, dividiéndolo en dos partes. Esto le ha obligado a tener dos entradas y dos escaleras principales, con la consiguiente falta de conexión entre algunas zonas. La intervención de Cruz y Ortiz busca la ordenación de este laberinto y dota al museo de una nueva y única entrada a través del pasaje; con la dificultad añadida de conservar el paso público de bicicletas. Además, los arquitectos liberan los patios originarios, ocupados por posteriores edificaciones, y recuperan la fuente de iluminación natural. Dependencias destinadas a usos de reciente aparición: tienda, cafetería..., que no existían en los museos del siglo XIX, se resuelven mediante la apertura de los laterales de los antiguos patios. Un nuevo vestíbulo central, situado bajo el nivel de la calle, al que conduce una escalera desde la entrada, absorbe el elevado número de visitantes que el museo recibe
Nouvel en París
Apertura definitiva prevista para el 2005. En el proyecto para Museo del Quai Branly, dedicado al arte primitivo de América y Australia, Jean Nouvel explica cómo el edificio tiende hacia la desmaterialización con el objetivo de que desaparezcan de nuestros ojos y de nuestra conciencia los elementos arquitectónicos; que se eclipsen ante los objetos sagrados expuestos para favorecer la comunión con éstos. De este modo, el arquitecto francés –autor de la ampliación del Museo Reina Sofía, en Madri– aboga por suprimir las estructuras, las carpinterías de fachada, las escaleras de emergencia, los falsos techos, las barandillas, los zócalos, las vitrinas..., manteniendo al mismo tiempo la necesaria función de éstos. Nouvel ha recurrido a las técnicas más avanzadas para lograrlo: vidrios muy grandes y claros, en ocasiones impresos con inmensas fotografías, postes aleatorios en tamaño y colocación, parasoles de madera grabada o coloreados que soportan células fotovoltaicas... Para el arquitecto no importan tanto los medios como el resultado: el logro está en que por momentos la materia parece desaparecer y el museo se convierte en un simple refugio sin fachada inmerso en un bosque. A orillas del Sena y rodeado de un gran jardín, Nouvel lo imagina como un bosque sagrado donde el museo se disuelve en sus profundidades
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